Empecé en el fútbol
de rebote. Literalmente.
Nací en Madrid y viví toda mi infancia en Alcorcón. Estaba apuntado a judo, tenía 6 años. Un día el profesor llegó tarde, la puerta estaba cerrada, un niño con cinturón marrón le pegó una patada y todos entramos a liarla. Cuando llegó el profesor se encontró con el caos. "Vais a sudar sangre." Me fui. Al día siguiente mi madre me borró de judo y me apuntó a fútbol sala.
Tres años después mi padre me convenció de apuntarme a un equipo de fútbol 11. Me compró unas botas del Decathlon y me llevó a unas pruebas sin decirme ni en qué club era. Era la escuela del Alcorcón. Me seleccionaron. Ahí estuve jugando hasta los 16 años.
Después vino el Trival, que en ese momento era una feria, y si no lo hubiese sido yo no habría tenido hueco. Un año en juveniles, sin saber la letra, y entonces llegó el giro.
Me hice entrenador
sin querer serlo.
En un entrenamiento el presidente se nos acercó y preguntó si alguien quería entrenar a un equipo que se había quedado sin entrenador. Mi amigo Rubén y yo dijimos que sí. Él manejaba el grupo, yo iba a verlas venir. Yo acababa de empezar TAFAD y estaba muy verde.
Al año siguiente vino la oportunidad de coordinar la escuela de fútbol del Trival. Cogí la coordinación y un equipo de prebenjamines.
14 años después, un club que tenía un equipo por categoría acabó con cuatro equipos en la mayoría de categorías. Pasé por todas las edades, fui coordinador en varias etapas y terminé en juvenil nacional.
Para entonces ya cargaba con un grado superior en actividades físicas y deportivas, dos carreras universitarias — magisterio de Educación Física y magisterio de Lengua Inglesa —, los tres niveles de entrenador de fútbol, 20 años como profesor en un colegio y formaciones cada año sin parar. Más de 25 años dentro del sector educativo, de una forma u otra.
Ese último año coincidió con el descenso, el nacimiento de mi hija y algunos problemas personales. Decidí parar.
Una profesora que
cambió cómo pienso.
Años antes, en una asignatura de la universidad — didáctica de la educación — una profesora nos explicó métodos de trabajo en educación. Yo paraba de escribir alineaciones para escucharla. Estaba enlazando su método de enseñanza con su manera de transmitir, todo para el ámbito educativo.
"Puedo aplicar esto al fútbol."
Esa idea se quedó guardada durante años. Hasta que paré y tuve tiempo de ordenarla.
Diseñé una app.
Nadie la usó.
Cuando decidí parar de entrenar, un verano me pegó un bajón. Echaba de menos estar pegado al móvil buscando amistosos. Se me ocurrió crear una aplicación para que entrenadores pudieran encontrar rivales por zona. Me gasté 7.000€ en diseñarla.
En un evento de financiación me dijeron que la idea estaba bien, pero que necesitaba miles de usuarios por zona para funcionar. Algo obvio en lo que yo no había caído. Cerré la app. Nadie se vino a quejar.
Pero para llegar a gente mientras desarrollaba la app había empezado un blog. Y ese blog empezó a recibir comentarios buenos. Y peticiones de abrir un canal de YouTube.
Yo pasaba. Bastante tenía con haber tirado 7.000€ a la basura. Pero algo me dijo que era egoísta: había una experiencia que contar y entrenadores pidiéndola.
Abrí el canal.
Cambié el nombre. Y arrancó.
No me gustaba el nombre de "Mis Amistosos" así que lo cambié por algo que describiera exactamente lo que hace la gente que me sigue: aprender mientras entrena. Aprende Entrenando.
Empezaron las asesorías individuales. Después los programas. Unos con más éxito que otros, todos enfocados desde la parte pedagógica — la parte de enseñar fútbol, no solo de entrenarlo.
En 2023 llegó MDJ: el programa con el que el entrenador pasa de planificar sin tener en cuenta el proceso de aprendizaje a tener el control total basado en su manera de entender el fútbol. Más de 250 alumnos han pasado por aquí. La historia continúa.