Qué hacer antes de empezar un entrenamiento de fútbol base: Tu guía esencial como entrenador

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Como entrenadores de fútbol base, sabemos que la calidad de una sesión no solo se mide por los ejercicios que hacemos, sino por cómo llegamos a ella. Si te preguntas qué hacer antes de empezar un entrenamiento de fútbol para que cada minuto en el campo sea oro, estás en el lugar correcto. No se trata solo de tener el plan de sesión en la cabeza; es una combinación de preparación personal, observación del grupo y una activación adecuada. Todo esto marca la diferencia entre una sesión «pasable» y una que realmente impacta en el desarrollo de tus jugadores, sean benjamines, alevines, infantiles, cadetes o juveniles.

La planificación del entrenador: Tu papel antes de pisar el césped

Antes de que cualquier jugador pise el césped o la pista, tu trabajo ya debe haber comenzado. Esta fase de preparación es tu seguro para evitar imprevistos y optimizar cada minuto de la sesión.

Revisa la sesión y los objetivos

¿Tienes claro qué vas a trabajar hoy? Repasa el plan de entrenamiento. Visualiza los ejercicios: cómo empiezan, cómo se desarrollan, qué progresiones o regresiones puedes aplicar. Piensa en los objetivos específicos del día. ¿Buscas mejorar la posesión, el desmarque, la finalización? Asegúrate de que los ejercicios elegidos se alinean con esos objetivos y, sobre todo, que son adecuados para la edad y el nivel de tu grupo. Si hoy tienes alevines, no les pidas la misma complejidad táctica que a un equipo cadete.

Además, es el momento de anticipar posibles problemas: ¿Y si llueve? ¿Y si no somos suficientes para el ejercicio X? Tener un plan B siempre te dará tranquilidad y te permitirá reaccionar sin perder el ritmo.

Material y equipamiento listo

Nada frena más una sesión que buscar balones desinflados, petos mezclados o conos perdidos. Unos minutos antes de que lleguen los jugadores, asegúrate de que todo el material está en perfectas condiciones y a mano:

  • Balones: ¿Están todos hinchados a la presión correcta? ¿Hay suficientes para los ejercicios previstos?
  • Conos, picas, vallas: Organizados y listos para usar en las estaciones o delimitaciones de campo.
  • Petos: Clasificados por colores y en buen estado.
  • Porterías: Si vas a usar porterías portátiles, asegúrate de que están montadas y seguras.
  • Botiquín: Siempre a mano y con lo básico (tiritas, desinfectante, vendas…). No es un «material de entrenamiento» pero sí de seguridad esencial.
  • Agua/Bidones: Si eres tú quien los gestiona, asegúrate de que están llenos y accesibles.

Esta pequeña inversión de tiempo te ahorrará frustraciones y, lo que es más importante, tiempo de entrenamiento valioso que tus jugadores podrán aprovechar.

Preparación del campo

Si las condiciones lo permiten, tener el campo parcialmente montado antes de la llegada de los jugadores es un gran punto a favor. Delimita las zonas de trabajo, coloca los conos para el calentamiento o el primer ejercicio. Así, cuando los chicos lleguen, verán un espacio ya preparado para trabajar, lo que ayuda a la concentración y a la percepción de profesionalidad.

La llegada de los jugadores: Observa y calibra

Aquí es donde entra en juego tu intuición y tu experiencia. Antes de que el balón empiece a rodar, hay mucha información que puedes recopilar solo observando y escuchando. Calibrar el estado de tu equipo es fundamental para adaptar la sesión.

El estado anímico y la energía del grupo

Observa a tus jugadores cuando llegan al campo. ¿Cómo vienen? Algunos llegarán charlando animados, otros con el ceño fruncido, alguno quizás más apagado. Sus expresiones faciales, su forma de moverse, su interacción con los compañeros te darán pistas valiosas:

  • Demasiado relajados/distraídos: Quizás necesiten un inicio más dinámico y enérgico para «enchufarse».
  • Agitados/hiperactivos: Un inicio con ejercicios que requieran más concentración y control puede ayudarles a canalizar esa energía.
  • Apáticos/cansados: Es posible que necesites reducir la intensidad de los primeros ejercicios y enfocar la charla inicial en la motivación.
  • Preocupados/solos: A veces, un jugador trae un problema de casa o del colegio. Una palabra amable, una pregunta directa, puede abrir un canal de comunicación y hacer que se sientan comprendidos.

Tu rol no es ser un psicólogo, pero sí un observador sensible. Esta calibración te permitirá ajustar el tono, la intensidad y el enfoque de la primera parte del entrenamiento, conectando mejor con cada jugador y con la dinámica general del grupo. Es muy diferente dirigir a un grupo de infantiles que ha tenido un mal día en el colegio que a uno de juveniles que acaba de ganar un partido importante el fin de semana.

Comunicación pre-entrenamiento

Un saludo individual, una sonrisa, una pregunta sobre cómo les fue el día… Pequeños gestos que fortalecen el vínculo. Luego, cuando los tengas a todos, una breve charla inicial es imprescindible. No un sermón, sino un mensaje claro y conciso:

  • Bienvenida: Un simple «¡Hola chicos, bienvenidos!» ya sienta las bases.
  • Objetivo del día: Explica brevemente qué vais a trabajar y por qué es importante. Por ejemplo: «Hoy vamos a mejorar nuestros pases cortos, es fundamental para tener el balón en el partido del sábado.»
  • Energía y actitud: Transmite la energía que esperas del entrenamiento. Si los ves apagados, sé tú la chispa. Si están muy revolucionados, recuérdales la importancia de la concentración.

Esta charla, adaptada a la edad y al estado anímico del grupo, ayuda a enfocar su atención y a prepararlos mentalmente para lo que viene.

La activación física de los jugadores: El calentamiento es clave

Esta es la parte que a veces se subestima, pero es vital. Un buen calentamiento no solo previene lesiones, sino que prepara el cuerpo y la mente para el rendimiento óptimo durante la sesión. Para las categorías de fútbol base, el calentamiento debe ser progresivo, divertido y muy funcional.

Calentamiento general: Entrada en calor

El objetivo es aumentar la temperatura corporal, preparar las articulaciones y activar los principales grupos musculares. Debe ser progresivo y de baja intensidad.

  • Carrera suave y variada: Empieza con un trote ligero por el campo. Introduce desplazamientos laterales, carrera de espaldas, pasos cruzados. Para los más pequeños (benjamines, alevines), puedes hacerlo a través de juegos de persecución sencillos o «polis y cacos» con reglas de movimiento específicas.
  • Movilidad articular: Dirige movimientos suaves para cuello, hombros (círculos hacia adelante y atrás), codos, muñecas, caderas (rotaciones), rodillas (flexiones suaves), tobillos (círculos y puntera/talón). Cada articulación, suave y controlada.
  • Ejercicios dinámicos sin balón:
    • Elevación de rodillas al pecho (skipping bajo).
    • Talones al glúteo.
    • Zancadas caminando (suaves, sin forzar).
    • Pequeños saltos a pies juntos o monopodal.
    • Giros de tronco controlados.

    Estos ejercicios deben ser fluidos, no estáticos. El objetivo es mover los músculos a través de su rango de movimiento.

Calentamiento específico: Preparando para el balón

Una vez que el cuerpo está en calor, es hora de introducir el elemento principal: el balón. Aquí la dificultad y la velocidad aumentan ligeramente, preparando al jugador para las exigencias del entrenamiento.

  • Rondos sencillos: 3-4 jugadores haciendo pases rápidos y a un toque en un espacio reducido. Esto no solo activa el toque de balón, sino también la concentración, la visión periférica y la comunicación.
  • Pases y recepciones en movimiento: Ejercicios en parejas o tríos donde los jugadores se desplazan, ofrecen línea de pase, reciben y devuelven el balón. Puedes introducir diferentes tipos de pase (interior, empeine) y controles (orientados).
  • Conducción y dribbling: Un circuito sencillo con conos para que los jugadores conduzcan el balón, cambien de dirección y practiquen alguna finta básica. Esto ayuda a «sentir» el balón.
  • Finalización suave: Si el entrenamiento incluye disparos a puerta, puedes hacer unos pases y tiros suaves al final del calentamiento. Sin oposición, solo para activar el gesto y la coordinación.

Recuerda, la clave es la progresión. El calentamiento no es el momento de agotarlos, sino de prepararlos física y mentalmente para la parte principal de la sesión. Asegúrate de que los ejercicios sean adecuados para su edad; un rondo complicado puede frustrar a los benjamines, mientras que los juveniles necesitan un reto mayor para activarse.

Flexibilidad dinámica

A menudo olvidada, la flexibilidad dinámica es clave antes de entrenar. A diferencia de los estiramientos estáticos (que se reservan para después), estos son movimientos que llevan las articulaciones a su máximo rango de movimiento de forma controlada. Algunos ejemplos:

  • Balanceos de pierna hacia adelante y hacia atrás.
  • Balanceos de pierna laterales.
  • Círculos amplios con los brazos.
  • Rotaciones de tronco suaves.

Estos ejercicios mejoran la movilidad y la preparación muscular sin disminuir la fuerza o la potencia, algo que sí podría ocurrir con estiramientos estáticos prolongados antes de la actividad intensa.

Consideraciones adicionales para el día del entrenamiento

Más allá de lo puramente técnico y físico, hay otros aspectos que, como entrenador de fútbol base, deberías tener en cuenta.

Hidratación y alimentación (consejos rápidos)

No eres un nutricionista, pero puedes influir en buenos hábitos. Un rápido recordatorio antes de empezar puede ser útil:

  • Hidratación: Recuérdales la importancia de haber bebido agua antes de llegar al entrenamiento. Llevar su propia botella de agua al campo es fundamental, especialmente en épocas de calor.
  • Alimentación previa: Aunque no vayas a dar una charla nutricional, puedes mencionar que una comida pesada justo antes de entrenar no es lo ideal, y que un pequeño tentempié (una fruta, por ejemplo) si ha pasado mucho tiempo desde la comida, puede ayudarles.

Estos pequeños consejos, dados con naturalidad, contribuyen a la educación deportiva integral de tus jugadores.

La motivación inicial: Creando el ambiente

Tu propia energía es contagiosa. Si llegas al entrenamiento con ganas, entusiasmo y una actitud positiva, es muy probable que tus jugadores lo reflejen. Crea un ambiente donde se sientan seguros, valorados y listos para aprender y divertirse. La primera impresión, la forma en que los recibes y la energía que transmites en los primeros minutos, pueden determinar el éxito de toda la sesión.

Conclusión

Preparar un entrenamiento de fútbol base va mucho más allá de diseñar una serie de ejercicios en un papel. Es una fase holística que abarca tu propia planificación, tu capacidad de observación y adaptación al estado de tus jugadores, y la correcta activación física y mental de todo el grupo.

Dedicar tiempo y atención a qué hacer antes de empezar un entrenamiento de fútbol es una inversión que siempre te devolverá frutos: sesiones más productivas, jugadores más comprometidos, menor riesgo de lesiones y un mejor ambiente de equipo. Como entrenadores, nuestro objetivo es formar personas y futbolistas, y la preparación es el primer paso para lograrlo en cada una de nuestras sesiones.

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