El primer año de benjamín es una trampa.
Es muy habitual ver a entrenadores que terminaron la etapa de prebenjamín con un equipo alegre y valiente, y que tres meses después, ya en benjamines, se llevan las manos a la cabeza: «Juegan peor que antes», «Dudan mucho», «Han perdido la chispa».
Ante esta situación, el instinto del entrenador suele ser: aumentar el control, gritar más y corregir la posición. Y ahí es donde el problema se vuelve crónico.
Si quieres saber por qué tu equipo parece haber retrocedido y cómo solucionarlo, aquí analizamos los errores en benjamín fútbol más frecuentes y dañinos.
1. El mito de «Ahora empieza el fútbol de verdad»
Muchos entrenadores de fútbol cambian el chip el primer día de pretemporada: «Se acabó el recreo, esto ya es categoría benjamín en fútbol base, aquí hay que competir».
Este cambio brusco de mentalidad es letal. El niño de 8 años sigue siendo un niño. Si eliminas el componente lúdico y lo sustituyes por rigidez competitiva, el niño se bloquea.
- El Error: Tratar la categoría como una versión reducida del fútbol profesional.
- La Solución: Entiende que es una etapa de continuidad. La exigencia debe subir en atención, no en presión. El juego sigue siendo el motor de aprendizaje.
2. La «Jaula Táctica» (Priorizar el sistema sobre el niño)
En el primer año de benjamín de fútbol, el campo se hace enorme (especialmente si pasan de F5 a F7 o F8). Para combatir el desorden, el entrenador se obsesiona con el dibujo: «Mantén tu posición», «No pierdas la línea», «Cierra ahí».
- El Error: Convertir el sistema (1-3-2-1, por ejemplo) en una cárcel. Si el niño está más preocupado por no salirse de su zona que por el balón, dejará de jugar.
- La Solución: Trabaja principios, no posiciones fijas. Enseña a «ocupar espacios libres», no a «quedarse quieto en la banda».

3. Especialización prematura (Las etiquetas)
«Tú eres rápido, vas de extremo», «Tú eres fuerte, vas de central». Etiquetar a los 8 años es uno de los peores errores al entrenar benjamines.
- El Error: Limitar el desarrollo del jugador a una sola zona del campo. El «central» nunca aprenderá a finalizar y el «delantero» nunca aprenderá a defender.
- La Solución: Rotación obligatoria. Todos deben pasar por todas las posiciones (incluido portero en entrenamientos) para entender la lógica global del juego.
4. El «Joystick» sube de volumen
Como el campo es más grande y los errores se ven más claros, el entrenador tiende a aumentar el volumen y la frecuencia de las instrucciones.
- El Error: Dirigir cada pase desde la banda. Esto crea jugadores dependientes que, antes de recibir el balón, miran al banquillo en lugar de mirar al juego.
- La Solución: Cómo entrenar benjamines implica morderse la lengua. Deja que se equivoquen en la toma de decisiones. Corrige en el descanso o en el entrenamiento, no durante la jugada.
5. Evaluar por el marcador (La trampa del resultado)
En benjamines, las ligas suelen tener tablas clasificatorias más visibles. Es fácil caer en la tentación de valorar el progreso según si ganamos o perdemos.
- El Error: Felicitar al equipo por ganar jugando al «patadón» y regañar al equipo por perder intentando realizar lo aprendido en el entreno.
- La Solución: Premia la intención. Si tu defensa intentó un regate arriesgado y le costó un gol, aplaude la valentía. Estás sembrando para el futuro.

6. Ignorar la edad biológica (Maduración)
En un equipo de benjamines de primer año, puedes tener niños nacidos en enero muy desarrollados y niños de diciembre muy pequeños.
- El Error: Aplicar la misma metodología de fútbol base benjamín y la misma exigencia física a todos. El pequeño se frustrará y el grande se acomodará.
- La Solución: Diseña tareas con diferentes niveles de dificultad (tareas abiertas) y no juzgues el talento por el tamaño físico actual.
El indicador definitivo: ¿Miedo o Iniciativa?
¿Cómo sabes si estás cometiendo estos errores? Fíjate en los ojos de tus jugadores.
Si cuando tienen el balón miran al espacio y a los compañeros, vas bien. Si cuando tienen el balón miran al banquillo con miedo a tu reacción, algo falla.
El miedo es el enemigo número uno del aprendizaje. Y en fútbol base, el miedo casi siempre lo inyecta el adulto.
Conclusión: Consolidar, no acelerar
El primer año de benjamín no es para crear futbolistas profesionales. Es para consolidar lo que aprendieron en prebenjamín (la relación con el balón) y empezar a descubrir suavemente que tienen compañeros (el inicio de la asociación).
Si evitas estos errores y mantienes la calma ante el caos natural de la edad, verás cómo a mitad de temporada el equipo explota… para bien.
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